Transformando la experiencia de la salud

Categoría | Nutrición
2016-04-12 00:00:00

¡Tengo hambre!

El hambre, normalmente, es una señal de nuestro cuerpo. Un aviso para que le demos el “combustible” que necesita para seguir funcionando bien.
Es natural que lo tengamos a ciertas horas, en las que nos hemos acostumbrado a comer. Por lo general hacemos tres comidas al día, en horarios distintos, que marcan el inicio, la mitad y el final de la jornada: desayuno, almuerzo y cena.
Dicen que uno debe desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como mendigo, refiriéndose a la “contundencia” de las comidas.
El desayuno es, a no dudarlo, una comida de capital importancia, porque es el momento en que pasadas las horas de sueño y de descanso, nuestro organismo “empieza” a funcionar. En realidad nunca se detuvo, pero bajó sus revoluciones, por decirlo de alguna manera y la exigencia física bajó casi a O. El desayuno es el momento de recuperar las fuerzas y preparar al cuerpo para la jornada que se avecina. Debemos, literalmente, “llenar el tanque” para que exista suficiente energía que pueda ser aprovechada beneficiosamente, haciendo que se pueda rendir al máximo, tanto física como mentalmente. Hay que cuidar que el desayuno nos provea de nutrientes, repetimos y de energía, por lo que las muchas veces escuchada frase “Mi desayuno es una taza de café”, lo único que delata es ignorancia. Démonos el tiempo necesario para desayunar tranquilamente, porque si empezamos el día a tropezones, nos irá mal en adelante. Acordémonos de balancear lo que ingerimos: fruta, algo de grasa, fibra, carbohidratos, proteína y líquido. ¡Desayunemos sano y bien!
El almuerzo que se toma a mediodía más o menos, se hace dándole tiempo al organismo para que hecha la digestión, vaya asimilando lo comido. Almorzar como un príncipe significa hacerlo bien, pero hay que tener en cuenta que luego del trabajo de la mañana si el almuerzo es muy copioso o pesado, sobrevendrá la modorra que nos hará “lentos”. Una buena ensalada, fruta, proteína y líquido, tomados también tranquilamente, harán de nuestro almuerzo un momento reparador de fuerzas.
Una cena ligera es recomendable al terminar el día. Trate de no ingerir bebidas alcohólicas ni que estimulen, como el café, para que el sueño sea tranquilo y usted realmente descanse… ¡para empezar un nuevo día!
¿Y si tiene hambre en los “entretiempos”? Puede ser que suceda y lo mejor es en esos momentos, comer alguna fruta y tratar de no ceder a la tentación de las galletitas o los “snacks” embolsados, que lo único que van a hacer es engordar y alterar una sana rutina, bajando el hambre con sustitutos que por lo general no aportan nada… ¡salvo peso!
Comer, no es “llenarse” recordémoslo siempre; comer es darle al cuerpo lo que necesita para funcionar. Comamos para vivir y no vivamos para comer. Vamos a vivir más y mejor.