Transformando la experiencia de la salud

Categoría | Nutrición
2016-04-12 00:00:00

DOS CARAS DE UNA MONEDA

Muchas veces nos topamos con esta disyuntiva a la hora de comer y lo que tenemos que tener en cuenta es que lo que escojamos, tiene sus pros y contras. El azúcar y la sal son fundamentales en nuestra dieta alimenticia, no solamente porque la “condimentan”, dándole un sabor definido.
Ambos son beneficiosos para el organismo pero su exceso o carencia total son dos extremos que no se debe permitir.
La sal común, o cloruro de sodio, presenta 0 en calorías, lípidos, colesterol, glúcidos, fibras alimentarias, azúcares, proteínas, ácido grasos saturados, poliinsaturados y monosaturados. En 100 gramos de sal hay 8 mg de potasio y 38.758 mg de sodio. Si se habla de sus otros componentes encontraremos que en los mismos 100 gramos de sal hay 24 mg de calcio, 1 mg de magnesio y 0.3 mg de hierro. Nada de vitamina A, vitamina B6, C y D. Es decir que la sal es básicamente sodio, potasio y calcio, con algo de magnesio y de hierro. El exceso de sal es dañino para el organismo. Lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud son 5 gramos al día y por lo general se consume más, pues la sal está presente en prácticamente todo lo que comemos en mayor o menor cantidad. Tiene efectos negativos en el músculo cardíaco pudiendo producir insuficiencia e infartos; los riñones porque afecta su función depurativa y predispone para la aparición de cálculos renales. Retiene líquidos, puede producir enfermedades gástricas y ser causante de accidentes cerebrovasculares.
La sal, en la cantidad recomendada es “la sal de la vida”; de otro modo puede convertirse en un enemigo peligroso (muy peligroso) para la salud.
El azúcar que endulza nuestros momentos, también puede volverlos amargos. Todo va a depender de la mesura en su consumo y de nuestro propio metabolismo.
El azúcar es sacarosa, es un disacárido o glúcido (carbohidrato) compuesto por una molécula de glucosa y una de fructuosa, que se obtiene generalmente de la caña de azúcar. Es una importante fuente de calorías en la comida, pero de las llamadas “calorías vacías” porque no contienen ni minerales ni vitaminas. Es un endulzante natural. Pero al igual que la sal, en la vida moderna se consume mucho más azúcar de la que el cuerpo necesita, lo cual puede acarrear serios problemas. Estamos en un mundo donde la obesidad crece alarmantemente con todas sus secuelas peligrosas y el exceso de azúcar tiene mucho que ver. Al azúcar la encontramos en casa, en las calles, en restaurantes y en la oficina bajo una y mil formas que van desde un caramelo hasta un postre elaborado. Desde una gaseosa hasta una empanada cubierta de azúcar impalpable. A casi todo se le adiciona “un poquito” de azúcar y sin darnos mucha cuenta vamos sumando… ¡calorías!
Repetimos, no es que el azúcar sea malo en sí; lo que sucede es que su exceso es dañino, sin contar con la enfermedad llamada diabetes, que está mundialmente extendida y que no permite al páncreas controlar la glucosa porque produce muy poco o nada de la hormona llamada insulina. La diabetes de la que se habla en otro lugar, es posiblemente mortal si no es tratada permanentemente y no tiene cura, siendo una enfermedad “para toda la vida”.
Lo que es importante es ser mesurado y no excederse en el consumo de la sal o el azúcar. Recordemos que están presentes en casi todo lo que comemos y en mucho de lo que bebemos. Nuestra salud siempre dependerá de nosotros mismos y del cuidado que pongamos en mantenerla. Consultemos al médico, hagámonos esos chequeos que estamos postergando y “no caigamos en tentación”: lo dulce es muy rico, pero puede ser dañino y la sal, recordemos que es un condimento para la comida y no debe ser un ingrediente básico.