Transformando la experiencia de la salud

Categoría | Balance y Control
2016-04-12 00:00:00

Aromaterapia

La aromaterapia es una disciplina de origen básicamente oriental, que promueve la acción de ciertos olores o aromas en la salud del ser humano.
La aromaterapia actuaría tanto en el plano psíquico como en el puramente físico.
La medicina tradicional de occidente no la considera estrictamente como una de sus ramas, sin embargo su popularidad y antigüedad la hacen digna de ser tomada en cuenta.
Aceites esenciales de diversas plantas se han usado para propósitos terapéuticos desde hace cientos de años, los egipcios, griegos, romanos e hindúes los usaron en medicinas, también para perfumes y cosméticos. En algunas partes de América pre-colombina se usaron aromas de flores y plantas en infusiones donde se tomaban baños corporales.
La llamada “escuela española” parece ser la más antigua escuela de aromaterapia en occidente. En los siglos X y XI nace de la convivencia en España de árabes, judíos y cristianos.
Es importante anotar que la aromaterapia, propiamente dicha, vino a occidente con las Cruzadas. Se ha demostrado que durante la peste del siglo XIV se usaron sahumerios olorosos.
La ciencia occidental, más o menos en el siglo XIX logró extraer de algunas plantas medicinales los compuestos activos, lo cual condujo al desarrollo de la farmacéutica.
El aceite esencial de lavanda fue probado en 1920 por un químico francés quien lo aplicó a una quemadura sobre su mano y así se acuñó el término “aromaterapia” para definir la curación por medio de los aceites esenciales.
Así fue que en Europa se desarrolló este conocimiento en base a experimentación, trasladándose al presente y aplicándose de un modo bastante común, por algunos profesionales de la salud, fisiólogos, enfermeras, masajistas y cosmetólogos.

Los “aceites esenciales”
Son mezclas de diversas sustancias químicas que se biosintetizan de las plantas. Son elementos muy aromáticos que no son grasos y son sumamente volátiles. No son de uso exclusivo de la “aromaterapia”. Por su concentración no pueden aplicarse directamente sobre la piel a la que pueden quemar. Se diluyen con otro aceites llamados “aceites base” o en agua. No deben ser ingeridos, ni entrar en contacto con los ojos (en caso esto último sucediera, lavarlos muy bien con agua).
Hay que tener muchas precauciones en el uso de estos en niños y en mujeres embarazadas.