Transformando la experiencia de la salud

Categoría | Balance y Control
2016-04-12 00:00:00

No tengo hambre

No está a dieta, no es que no le guste lo que le ofrecen de comer. Sucede que dice no tener apetito y esto se repite constantemente. Primero se creyó que trataba de bajar de peso, pero era evidente que no lo necesitaba. Después le echaron la culpa de comer a deshoras y no “hacerlo con todos”, pretextando excusas.
Lo real es que no come y a duras fuerzas acepta un poquito de caldo.
Todos dicen que esto no es normal y que lo que mejor va a ser consultar con un médico.
Este “no tener hambre” es un síntoma que DEBE ser investigado por un profesional. Detrás de esa inapetencia puede haber infinidad de causas: enfermedades físicas, problemas psicológicos y temas que el médico tiene que analizar.
Lo que no está bien y a veces sucede, es que alrededor del hecho se tejan conjeturas que por lo general ninguna base tienen. Si hay algún desorden físico, el médico dirá, igual que si se trata de algo psicológico.
Esto último no significa que la persona esté “loca”, cosa que muchas veces se cree cuando de un tratamiento psicológico o psiquiátrico se trata. La mente puede jugar pasadas e influye la mayor parte de veces sobre el cuerpo y la asistencia de un especialista es necesaria para, poco a poco, lograr que la situación se normalice. No hay que tener miedo a consultar; no es ningún estigma hacerlo y millones de personas en el mundo lo hacen, se curan de sus males o se sienten mejor.
Hay que recordar siempre que el ser humano está compuesto de un cuerpo y una mente y que se necesita, si hay algún problema, que el médico, después de examinar, indique. Seguir sus instrucciones nos pondrá en un camino positivo.
No hay que temer: a veces un tratamiento físico duele y uno mental, asusta; los síntomas son señales y deben analizarse. Lo que hay que hacer es ponerse en las manos del médico y confiar.
La inapetencia es uno de esos avisos que nuestro cuerpo da. Hagámosle caso a tiempo.