Transformando la experiencia de la salud

Categoría | Nutrición
2016-04-12 00:00:00

Los alimentos no deben enfermar

Es indudable, afirmar que los alimentos que comemos no deben enfermarnos y sin embargo muchas veces esto sucede por propio descuido, ignorancia, o porque aun sabiéndolo los consumimos “confiando en la suerte”.
Es mucho lo que se puede hacer en ese campo y estar alertas siempre que se trate de alimentos es lo esencial.
En la tienda, hay que tomarse el tiempo necesario y revisar la comida que se adquiere. No solo aquello que nos venden como fresco, asegurándose que de veras lo sea sino lo que viene envasado o empaquetado. Debemos fijarnos bien y leer detenidamente las etiquetas, comprobar la fecha de vencimiento impresa (o exigir que ésta figure en el envoltorio); no aceptar latas oxidadas, en mal estado o abolladas. También hay que fijarse que las tapas metálicas sean herméticas, no presenten óxido y evitar abrir los envases (porque se echa a perder el contenido). Las etiquetas suelen traer indicaciones que hay que tener en cuenta y que sirven para evitar alergias, posibles intoxicaciones u otros problemas. Los envases no deben estar rotos, presentar grietas o mostrar huellas de manipuleo descuidado.
En la zona de “fríos”, elegir bien los productos y apenas se llegue a casa, colocarlos en la refrigeradora. Es importante anotar que si bien la carne durará enfriada, si se la quiere usar tiempo después, lo mejor es ponerla en el congelador, en bolsas que se utilizan para eso (y así, además, evitar la contaminación de olores y sabores). Lo mismo si se trata de pescado.
Refrigerar o congelar los alimentos perecederos de inmediato.
Si se piensa que la comida puede estar malograda o se echó a perder, no hay que probarla: es preferible tirar algo que sea sospechosamente peligroso, que enfermar.
El olfato y la vista no son “infalibles” pero ayudarán a decidir sobre la frescura de ciertos alimentos. No hay que temer oler. Rechazar la comida que esté anormalmente picante, tenga mal sabor (no el conocido), tenga gusto a “rancio” y en general lo que a la primera prueba de sabor no pase el examen. Hay que recordar que por lo general el olfato previene y el gusto confirma: ¡asegurarse!
Hay que lavarse bien las manos antes de manipular alimentos, prepararlos y luego volver a hacerlo. No olvidar el lavado de manos antes de comer.
Es necesario mantener limpios todos los utensilios de cocina y aquello que pueda tener contacto con los alimentos.
Demás está decir que no se debe dejar ningún alimento destapado y al aire libre, porque se corre el peligro de atraer moscas y con ellas a las enfermedades.
Finalmente, hay que recomendar cocinar bien la carne y seguir las reglas que la sensatez personal dicte. En la conservación de los alimentos nunca se peca por exceso.