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Categoría | Balance y Control
2016-04-12 00:00:00

Cuando jugar no es un juego

Jugar juegos de azar no es malo. Puede ser entretenido y alguna vez, hasta resultar rentable.El problema sucede cuando la persona que juega no puede controlar lo que le impulsa a hacerlo. Es como una “fuerza extraña” que le incita a seguir, a buscar más de lo mismo. Aquí hay un problema que lo más probable es que crezca y termine arruinando la vida del que lo sufre y probablemente la de los que le rodean. Estamos frente a un ludópata.
El mal tiene un nombre y es ludopatía. La palabra es una combinación que proviene en parte del latín y en parte del griego: “ludus” que significa juego en lengua latina y “patos”o “pathos” que en griego tiene varias acepciones, pero que aquí se usa como enfermedad o pasión.
Todos somos testigos de cómo hay personas que declaran “no poder controlar” su afición, sea esta apostar a los caballos, el póker o las cartas; pasar horas de horas en un casino jugando y apostando a las máquinas; sentarse frente a una computadora a jugar y olvidarse de todo; tratar de vencer a una ruleta perdiendo siempre más…
Las posibilidades son muchas y la adicción al juego viene desde la antiguedad. Es un problema psicológico, que provoca una dependencia muy parecida si no igual que la que ocasionan drogas como la cocaína, morfina y otros estupefacientes. El ludópata no se contenta con jugar por divertirse, sino que para él jugar se vuelve una obsesión. Al extremo que puede perder la propia vida “jugando”.
Este es un tema sumamente serio, que afecta a muchísimas personas, directamente, alrededor del mundo. Es importante reiterar que no se trata del “jugador ocasional” que busca divertirse, sino de una persona psíquicamente enferma.
El ludópata generalmente usa su “tiempo familiar” o el laboral para el juego; piensa continuamente en hacerlo; miente sobre él; juega el dinero que tenía destinado para cubrir necesidades básicas y necesita conseguir más de la forma que sea; se siente mal luego de haber jugado pero no lo deja de hacer.
El ludópata suele empezar a desarrollar su mal en la adolescencia en el caso de hombres y en las mujeres entre los 20 y 30 años. Las situaciones de stress tienden a empeorar el problema del juego.
Muchas veces el ludópata no admite serlo, pero por lo general la opinión de personas de su entorno podrá confirmarlo. Las señales suelen ser claras.
Es necesaria ayuda psicológica y la colaboración plena del individuo para poder ir desterrando este mal mediante tratamiento. Al igual que en el alcoholismo y las drogas, suelen ser efectivos los grupos de apoyo, que colaboren. Lo primero, siempre va a ser el reconocimiento propio de la existencia del problema.
Con un buen tratamiento, apoyo y la colaboración del sujeto, puede lograrse el éxito. Como en toda adicción habrá que estar atentos a posibles recaídas. La ludopatía no es un juego: es la enfermedad de jugar.