Transformando la experiencia de la salud

Categoría | Balance y Control
2016-04-12 00:00:00

¿Cómo estás?

Hay mucha gente que ante esta pregunta que a veces se hace inocentemente o como fórmula, para iniciar una conversación, cuentan males, padecimientos y peripecias, por lo general negativas. Parece que tuvieran esto represado por un dique y de pronto lo sueltan así, a borbotones, en una especie de catarsis liberadora.
Diremos que son personas que sólo están preocupadas por sí mismas y apenas pueden comparten lo que les sucede y sienten. ¿Es esto cierto?
Más de una vez nos hemos encontrado a alguien así, que nos refiere lo mal que lo pasan. En su discurso no suele haber nada positivo, antes bien, al mencionar a otras personas, lo hacen involucrándolas con lo que nos están diciendo.
Su actitud negativa puede deberse a muchos factores, pero la mayoría de las veces son quienes normalmente no son escuchados los que lo hacen. Y no son escuchados porque oír a los demás es algo que se ha ido perdiendo y en la vida moderna no se valora.
A veces, simplemente el hecho de escuchar hace que el otro se libere de cargas y se sienta mejor. No es broma, pero en una sociedad hiper comunicada como la nuestra, la soledad personal es un problema sufrido por muchos.
No cuesta nada escuchar. Tal vez un poco de tiempo y algo de paciencia.
No se trata de dar consejos, porque nuestro interlocutor no es lo que desea, posiblemente. Es solamente el acto de oír lo que hará la diferencia, haciéndole sentir al que habla y al que escucha que existe una corriente de empatía y que esto es bueno para ambos.
Es importante ir a la intercomunicación. Esa que falta, porque no se sabe escuchar.
Propongámonos oír un poco a los demás y veremos cómo se van abriendo también a nuestras cosas. Todo está allí. Quizá no podamos solucionar los problemas, pero por lo menos estamos siendo depositarios de algo que aliviará en el otro la “necesidad de decirlo”. Y eso es importante en el proceso de la comunicación.
Saber escuchar es un arte que se practica poco porque el ser humano vive encerrado en sí mismo, sin tender los puentes necesarios hacia los demás.