Transformando la experiencia de la salud

Categoría | Balance y Control
2016-04-12 00:00:00

Esto me sabe mal

Se refiere básicamente a un sentido: el gusto; sin embargo cuando nos parece que algo no está bien apelamos a los sentidos: “no me sabe bien”, “huelo problemas” o simplemente “no la veo”, es una figura, claro, pero la usamos para explicar lo que sentimos. Es que los sentidos son algo tan complejo y cumplen funciones tan importantes que muchas veces, sin darnos cuenta los estamos usando para sus funciones y en el lenguaje mismo.
El gusto es aquel que desde que nacemos, como los demás sentidos, nos permite relacionarnos con el entorno.
La lengua, está compuesta por una red muscular tremendamente móvil situada en la cavidad bucal, es el principal órgano del gusto. Está recubierta por tejido y microscópicos sensores llamado papilas gustativas, de las que tenemos más o menos 10,000. Las papilas gustativas reconocen cuatro sabores básicos: el dulce, el salado, el amargo y el ácido.
Hay “zonas especializadas” en la lengua para cada sabor y así atrás está la que percibe el amargo; la de dulce y la del salado adelante, a los lados y las del sabor ácido a los costados del centro. Esta es una esquematización, pues es más compleja la distribución y las papilas están también en el paladar, el interior de las mejillas y la garganta.
A través de la boca sentimos también la temperatura de lo que se introduce en ella y es preciso anotar que el sentido del gusto y el del olfato trabajan juntos. Esto es muy importante al comer, porque ambos sentidos nos están avisando si algo está malogrado, por ejemplo. Muchas veces, cuando se está resfriado no se sienten los sabores.
En realidad “gustamos” en el cerebro, que es el que recibe y procesa las señales que son enviadas desde la boca a través de la lengua y los nervios.
Esta maravilla (la de gustar) ocurre todo el tiempo y como con todos los sentidos, de forma absolutamente automática.
Sabe bien conocer un poquito más sobre el gusto ¿verdad?