Transformando la experiencia de la salud

Categoría | Balance y Control
2016-04-12 00:00:00

¿Trabajo productivo o adictivo?

Una respuesta común a las entrevistas laborales es: ¿cuál es tu peor defecto? Y las personas responden, “soy perfeccionista”, “trabajo hasta que me salga bien”. Sin embargo, tras estas respuestas se puede esconder un “adicto al trabajo”.
El perfeccionismo es una característica que define a este tipo de personas y este perfeccionismo, funciona y no funciona.
Funciona porque saca lo mejor de uno en beneficio de un bien mayor y, no funciona, cuando el sobreesfuerzo afecta la psiquis de la persona.
El perfeccionismo, la necesidad de trabajar hasta altas horas y el sobreesfuerzo es más un obstáculo que un soporte. Ufanarse de la resistencia solo nos hace susceptibles de caer en la improductividad.
Y aquí es probable que te digas a ti mismo: Si me esfuerzo se supone que puedo hacer más cosas. La respuesta: sí y no.
El esfuerzo supone buscar las mejores condiciones para alcanzar los objetivos. Sin embargo lo que puede ser una meta saludable y motivadora puede transformarse en una de perfección que no solo se manifieste en el deseo de obtener un resultado, sino en el camino que se sigue hacia el mismo.
Muchas veces sucede que, ni aún con toda su pasión y entusiasmo, una persona no logra llegar a su objetivo, siendo intolerante consigo mismo, “latigándose” y minimizándose por no cumplir con la meta establecida.
La sobre exigencia puede convertir al trabajo más motivador en una actividad que va más allá, y que puede significar un refugio de la persona ante sus más grandes miedos, como el miedo a fracasar.
El cúmulo de estrés y presión de un adicto al trabajo puede alterar el bienestar mental y generar en la persona no sólo molestias físicas, el descuido de su cuerpo y dejar de lado hábitos saludables como comer a la hora correcta y realizar actividad física, sino que puede conllevar a severos cuadros de ansiedad. El enfoque de una persona adicta al trabajo hacia su vida laboral, puede ser reflejo de una real ambición por progresar, pero también, un mecanismo que lo aleje de aquellas cosas que no puede manejar, como por ejemplo, relaciones difíciles con la familia, o de su propio mundo interior.
Si te gusta trabajar muchas horas en el día y tus seres queridos y amigos suelen “reclamar por ti”, es importante que te observes y replantees si tu esfuerzo por progresar en el trabajo responde a una sana ambición o a algo más. El equilibrio será la meta que necesitarás buscar para mantener tu bienestar físico y emocional.